10. ¿Es lógico que se prohíban las redes privadas de televisión y radio con el argumento de promover la producción local, mientras se permiten las estatales?

No resulta lógico ni desde el punto de vista de la producción, ni tampoco del de la verdadera diversidad.
En primer lugar, está demostrado que los países que tienen redes o cadenas privadas fuertes son grandes productores y exportadores de contenidos. Sólo la dimensión de una cadena permite amortizar los altos costos que hoy tiene producir programas de calidad, tanto en ficción como en entretenimiento. Sólo mirando los ejemplos de EE.UU., Brasil, México o España, con sus cadenas televisivas y radiales, podemos constatarlo.

El límite del 35% por ciento de audiencia potencial nacional que impone la nueva ley a un licenciatario, y la prohibición de transmitir más que un 30% de los contenidos en simultáneo con otras emisoras, configuran la “tenaza” que le pone certificado de defunción a las cadenas privadas. No así a las estatales, que podrán poseer todas las emisoras que quieran y además no tendrán obligación de incorporar contenidos locales. Cuando se argumenta que EE.UU. también tiene un límite de audiencia nacional (el 39%) se olvida que ese porcentaje, en la mayor economía del mundo, garantiza una llegada nacional. Mientras que en Argentina, el 35% sólo involucra el mercado de Buenos Aires.

Desde el punto de vista de la genuina diversidad informativa, la prohibición de redes o cadenas privadas atenta contra el pluralismo, porque sólo les otorga peso y alcance nacional a las voces estatales, mientras que a las privadas se las fragmenta económica y geográficamente.

Es falso que esto promueva la producción local. Hoy los canales del interior necesitan conjugar programación nacional y propia, porque los mercados publicitarios no permiten sostener una programación enteramente local y las audiencias son las primeras que demandan ese “mix”. También las radios con llegada nacional conviven perfectamente con las locales: se trata de servicios complementarios, no excluyentes, como los diarios nacionales y los regionales.